lunes, 12 de noviembre de 2018

Los alfoces altomedievales burgaleses

El ya desaparecido medievalista Gonzalo Martínez Diez daba por seguro que en el momento de constitución del gran condado de Castilla ya se encontraba instaurado por todo  el territorio el sistema de gobierno y administración basado en alfoces, que serían los principales antecedentes de los municipios de la zona norte que nos han llegado hasta la actualidad. De hecho, la doctora Arribas Magro afirma que los partidos en que se dividirán las Merindades en el siglo XIV tienen, en su mayor parte, ese origen remoto.

Con este vocablo, muy utilizado en el dominio político del Islam, derivado del árabe al-hawz, se designaba preferentemente en el ámbito condal castellano esas pequeñas demarcaciones comarcales o distritos político-administrativos en que subdividía el condado de Castilla. Al frente de cada uno se encontraba un delegado del conde; y como tal designado y removido por éste a su voluntad.

El término alfoz vino a sustituir, aunque durante un tiempo sería coetáneo, al “territorium” altomedieval, aunque no exactamente con el mismo significado. El alfoz estaba inicialmente asociado a un castillo en que existía un oficial condal (merino o sayón) que ejercía las competencias delegadas por el conde.  De la jurisdicción original de la fortaleza, cabeza del alfoz, se irían segregando todos los nuevos cotos o jurisdicciones exentas señoriales que magnates laicos, prelados, monasterios o concejos urbanos irán obteniendo y restando al merino o sayón del alfoz a través de sucesivas concesiones y privilegios regios.
Asentamiento del castillo de Petralata, cabeza de Alfoz

El vocablo alfoz fue utilizado con casi un siglo de antelación y con mucho mayor intensidad en tierras castellanas que en las leonesas. La primera mención sin tacha data de mediados del siglo X, y hace referencia a un lugar “…que est sita in alfoz de Munno”. Dado que en León había mayor número e influencia de los mozárabes, creemos que esta predilección por el término “alfoz” pudo deberse a una preferencia del término por parte del propio conde Fernán González y sus sucesores.

A la hora de identificar cada uno de los alfoces que integraban el condado nos encontramos con la dificultad de que en muchas demarcaciones no existía un centro monástico capaz de generar la suficiente cantidad de documentos como para ser mencionados todos los territorios de todas las comarcas. Este hecho es especialmente palpable en tercio norte de nuestra provincia.

No obstante, combinando los trabajos de Martínez Diez y Arribas Magro ( que se ha servido también de la geografía de los arciprestazgos surgidos más tarde, alrededor del siglo XII como plasmación del sistema de organización parroquial que copió la organización de las tenencias realizada por Sancho el Mayor bajo la influencia de Cluny) podemos llegar a proponer un mapa completo de los alfoces que integraban la “parte burgalesa” del gran condado de Castilla. Sin olvidar que la documentación también registra alfoces en la parte cántabra, como “Val de Ripa Hibre” (Valderredible), Cabuérniga, Cabezón de la Sal o Rasines, entre otros.

La localización de los alfoces de la zona centro y sur de Burgos es mucho más fácil, tanto que incluso se puede completar el mapa de distribución de alfoces de toda la provincia y que presentamos de forma esquemática a continuación. A efectos de claridad, en la zona de Merindades hemos sustituido en la mayor parte de los casos los alfoces por las tenencias; que integraban varios alfoces. Por ejemplo, la tenencia de Castro en opinión de la doctora Arribas Magro englobaba los alfoces y valles de Porres, Sotoscueva, Cornejo, Villamartín, Valdebodres, Cinco Villas, Montija, Espinosa, Munio Díaz y Pienza.

Fuentes: 
“Las Merindades de Burgos. 300ac-1560.” Mª del Carmen Arribas Magro (2016) 
“Alfoces y Tenencias” Gonzalo Martínez Diez. Boletín de la Institución Fernán González (2008/2)

domingo, 11 de noviembre de 2018

De los microcondados al macrocondado de Castilla: El primer antecedente de la provincia de Burgos.






Los años finales del siglo IX y los primeros del X son testigos de importantes avances territoriales en el marco del actual territorio de la provincia de Burgos. A partir del espacio nuclear montano controlado por Rodrigo observamos las incorporaciones hechas por Diego Rodríguez (las campiñas entre los Montes Obarenes y el rio Arlanza) y Gonzalo Fernández (las comarcas situadas al norte del Duero, incluida Tierra Lara).

Coincide este periodo con el traslado de la corte desde Asturias a León, y la mayor implicación regia en los asuntos de área que nos ocupa. Es por estos años cuando surge el concepto de microcondados como ente organizativo de la zona. Inicialmente Brañosera/Campoo, Castilla y Álava y más adelante los de Burgos, Lara, Lantarón/Cerezo. Es la monarquía la que nombra a los condes o señores.

En el año 932 el monarca leonés Ramiro II decide subsumir los microcondados en un macrocondado antonomásico, consignando al cargo a Fernán González, cuyo papel primordial será consolidar y organizar este espacio tan complejo. Y la capital del condado será Burgos, fundada o repoblada apenas unas décadas antes.

En el año 899 ya aparece citado un conde en un territorio denominado Burgos, Gonzalo Fernández. Poco después parecen fundirse los destinos de Burgos y Castilla, ya que el mismo conde es citado como conde en Castilla en el año 912. A partir de entonces Burgos será la cabeza del condado de Castilla durante al menos 125 años, a través de cinco generaciones, hasta la desaparición del condado el año 1038 cuando su conde Fernando Sánchez se corone como rey de León.

Damos paso a las palabras del profesor Martínez Diez: “Este insignificante rincón de las montañas de Burgos fue la sede de un condado del reino astur, que de ese rincón tomó nombre, llamándose condado deCastilla, y que al extenderse fuera de las montañas y alcanzar el rio Duero, extendió también su nombre a todo ese territorio regido por los condes que el rey de Oviedo había puesto al frente del condado.  De este modo Castilla rebasó los estrechos límites de la primitiva comarca, la llamada Castella Vetula, y vino a cobijar bajo su denominación todos los territorios integrados dentro de la jurisdicción del condado de Castilla, cuyo conde gobernaba desde el mar Cantábrico, al norte, hasta las últimas tierras repobladas en el sur frente a los musulmanes en las estribaciones de los montes de Somosierra y desde el rio Pisuerga por el oeste hasta los límites del Condado de Álava en el este.

No consta que el condado de Castilla tuviera nunca por el norte otro límite que no fuera el mar Cantábrico. No se ha conservado noticia de otro condado distinto del de Castilla ni en el territorio de las Asturias de Santillana, ni en el de la Trasmiera, ni tan siquiera en las Encartaciones. Hacia el este el límite con el condado de Álava venia marcado por el rio Nervión hasta la peña de Orduña, luego seguía hacia los montes que separan el valle de Tobalina del de Valdegobia. Por el oeste venía marcado por la línea que unía el valle bajo del Deva con el alto Pisuerga, integrando la mayor parte de la actual provincia de Cantabria excepto Liébana. Hacia el sur el territorio estaba en continua progresión. Era este un condado cuya unidad no venía dada por la homogeneidad del territorio, muy variado, sino por la unidad de sus hombres, forjada en la empresa común de defender primero su solar de las acometidas musulmanas y de repoblar más tarde los enormes espacios vacíos que se ofrecían en el sur a las iniciativas de sus pioneros”

El condado de Castilla desaparecerá de la historia por dos hechos consecutivos: el primero, su partición entre los herederos de Sancho III el Mayor en 1035, y el segundo, la consecución por parte de su titular, Fernando I, de la corona leonesa en el año 1038.



Fuentes:

“Castilla en tiempos de Fernán González” Juan José García González (2008)

“El Condado de Castilla. La historia frente a la Leyenda” Gonzalo Martínez Diez (2005)

 “Génesis Histórica de la Provincia de Burgos y sus divisiones administrativas” Gonzalo Martínez Diez (1983)

lunes, 5 de noviembre de 2018

Las Bardulias, que ahora llamamos Castilla

 El  norte burgales bajo la niebla

Mencionábamos en un artículo anterior que, en referencia a una misma campaña musulmana que tuvo lugar en 792, el territorio atacado es denominado como "Al-Quila" por el cronista musulmán y como "Bardulias" por el cronista cristiano. Se entiende así mejor el texto de la crónica de Alfonso III, escrita en 884, pero referida la época del rey Alfonso I (739-757) en el que se dice que se repoblaron “ Asturias, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza y las Bardulias, que ahora se llaman Castilla”. Es decir, en algún momento de ese siglo largo el territorio que nos ocupa, que englobaba sin duda todo el norte burgalés, pasó a denominarse Castilla para las fuentes regias.


En opinión de Martínez Diez, El nombre de Bardulias parece provenir de los várdulos, que llegaron a nuestra zona probablemente presionados desde su ubicación original debido a la presión de los belicosos Vascones. Dado que a finales del IX el escritor consideró necesario hacer dicha puntualización, muestra de que la voz Bardulias ya no era usada hacía tiempo, considera probable que el cambio “oficial” de Bardulias por Castilla tuviese lugar a lo largo de la primera mitad del siglo IX.

Juan José García González va más allá y cree que la voz “Bardulies” resultaba ya anacrónica mediado el siglo VIII. Los cronistas astures recurrieron a un etnónimo prerromano para designar un territorio que estaba a los efectos “desconectado” de la corte, tanto como para que en la misma no se diesen cuenta hasta mucho después de que este territorio se había dado en llamar Castilla. Esto significaba que los locales y los árabes ya la denominaban así al menos desde los inicios del siglo IX, mientras los asturianos evocaban una circunscripción que ya había desaparecido y hacia la cual en realidad mostraban indiferencia. 

Rodrigo, el primer conde de Castilla

Durante la primera mitad del siglo IX las menciones a Castilla se refieren a su carácter de demarcación territorial. El primer conde vinculado a esta área es Rodrigo, que surge para la documentación en 860. La narración árabe de la campaña de la Morcuera (865) le denomina como “señor de Al-Quila”. Es probable que la sede del condado estuviese en Tedeja.

Trayectos de la campaña de La Morcuera según distintos historiadores (Ilustración del Libro Las Batallas de Las Merindades, de  Aitor Lizarazu)

No sabemos mucho acerca de este personaje, aunque a juzgar por las misiones repobladoras y militares que le fueron confiadas, probablemente era alguien muy próximo a la familia real. Creemos que la figura de Rodrigo está vinculada al proceso mediante el cual la corte toma mayor control en la gestión de este territorio de la primitiva Castilla. El caso es que es durante su periodo de gobierno cuando el territorio de Castilla se extiende hasta la costa cantábrica, adscripción que tendrá prolongación, bajo diversos formatos, hasta la Edad Moderna.

Rodrigo fallece el año 873. A partir de entonces su sucesor Diego Rodríguez repuebla Castrojeriz (882), Ubierna y Burgos (884) Cardeña (899) etc.. En la llamada Crónica Albeldense, escrita en los momentos cuyos sucesos narra, se hace referencia a una campaña musulmana de 882 rechazada en Cellorigo por el conde de Álava, alcanzando las fronteras de Castilla “in extremis Castelle”, Pancorbo, cuyo castillo se atacó durante tres días. Es Diego Rodríguez el que rechaza la ofensiva.
Recreación castillo de Santa Marta (Pancorbo) Foto: Zález.
Fuentes:
"Las Merindades de Burgos. 300ac-1560.” Mª del Carmen Arribas Magro (2016) 
“Castilla en tiempos de Fernán González” Juan José García González (2008) 
“El Condado de Castilla. La historia frente a la Leyenda” Gonzalo Martínez Diez (2005)
“Las merindades de Castilla la vieja en la historia”. VVAA. (2007)

jueves, 25 de octubre de 2018

La primitiva Castilla de acuerdo a las crónicas musulmanas

Imagen invernal de "Las Conchas" de Sotoscueva, con Alto Campoo al fondo

Otra línea argumental de los estudiosos es que el nombre de Castilla vino dado por los musulmanes al ver el paisaje erizado de torres del territorio norteño de Burgos, al que empezaron a llegar en oleadas desde finales del siglo VIII. No entraremos aquí a estimar si esta teoría es a nuestro entender más o menos acertada que otras (o complementaria a las mismas), sino que nuestro principal interés es mostrar más evidencias de que el nombre de Castilla (Al-Quila para los mahometanos) estaba perfectamente implantado en toda la comarca para esas fechas.


Las crónicas musulmanas hacen una primera mención a Castilla ya en el año 791, con ocasión de un ataque hacia Álava y Al-Quila glosada por Ibn-Athir. En esta expresión  queda claro que, al menos para los musulmanes, Álava y Castilla son dos entidades diferenciadas. Al año siguiente se produce otra razzia narrada por Al-Maqqari. Los Anales Compostelanos reflejan esta ofensiva cambiando la denominación de Al-Quila por Bardulias; topónimo este al que haremos referencia en un próximo artículo. Una nueva algara tuvo lugar en 794 “Realizó algaras por tierras de Álava y Castilla recogiendo botín y regresó de nuevo”.

Una nueva aceifa de 796, la cuarta en seis años, nos narra lo siguiente “en este año el chambelán Abd-al Karim lanzó contra el territorio enemigo la aceifa llamada de los Castillos. Entró en el territorio enemigo causando gran mortandad y penetrando en su corazón hasta alcanzar la costa y avanzar siguiéndola dentro del país en destrucción constante”. En este escrito de Ibn Hayvan queda claro que para los atacantes el territorio de Castilla llegaba hasta el mar. No es el único documento que ofrece pistas en este sentido.

No vamos a entrar a describir aquí todas las razzias musulmanas contra nuestra zona (alrededor de una decena tuvieron como destino Castilla antes del año 840). Mencionaremos únicamente la de 838, que los árabes vuelven a dirigir contra Álava y los Castillos. Esta campaña aparece en los Anales Castellanos con la cita “fregerunt cortobeses Sotoscoba” (Sotoscueva) dejando claro una vez más que este valle se integraba en el territorio conocido genéricamente como Castilla.

Pese a todos estos ataques, el reino no se desmoronaba, por lo que es de suponer que, pese a las narraciones de los árabes, en muchas ocasiones no fuesen tan exitosas o quizás no pasasen de pequeñas escaramuzas convenientemente exageradas por los cronistas árabes.

Fuente:
 “El Condado de Castilla. La historia frente a la Leyenda” Gonzalo Martínez Diez (2005)

Teorías sobre el origen del corónimo Castilla y su extensión original


Extensión de la primitiva Castilla a finales del siglo VIII, según Martínez Diez.

Juan José García González propone vincular los orígenes del corónimo “Castella” a la abundancia de hábitats campesinos (castella los denomina San Isidoro) que encontraron los visigodos en el piedemonte centro-meridional de la Cordillera Cantábrica, instalados por los nativos en las vertientes para contrarrestar la inseguridad que había cundido en los bajos y fondos de valle a la caída del Imperio.


Se trataría de un “territorium” desde el punto de vista de concepto hispanovisigodo con capital en “Area Patriniani”, radicado esencialmente en los llanos de Castilla. En un primer momento otros territorios cercanos a Castilla podrían haber sido Bricia, Mena, Losa, Omecillo,  Lantarón, Tobalina, Malacoria, Valdivielso, Castrosiero, Arreba y Campoo. 
Aniano Cadiñanos desarrolla una teoría similar en la que “Area Patriniani”, cuya primera cita documental fiable se retrotrae a 807, fuera el antecedente de Castilla. Área Patriniani habría sido creada por el reino visigodo en las décadas posteriores a la conquista de la llamada Cantabria, a finales del siglo VI, con vistas fundamentalmente a servir de zona de control contra los belicosos vascones.
Tedeja (Bohigas)

El “dux” del territorio estaría instalado en Tedeja (Trespaderne – Trans-Paterno). El San Martín que cita el documento 807 se trataría de San Martín de Losa, y hacia el noroeste el territorio llegaría al menos hasta Montija (Nozedo aparece también en el legajo). No olvidemos que pocos años después, en 816, Sotoscueva aparece específicamente incluido en Castilla. Este territorio, que en 807 aparece denominado como “Area Patriniani” sería el mismo que poco después ya se llama Castilla: "In era DCCCLII exierunt foras montani de Malacoria et venerunt ad Castella" (en la era 852, año 814, salieron los montañeses de Malacoria y vinieron a Castilla).

La mayoría de expertos coinciden en afirmar que con el paso de los años todo el norte de la provincia de Burgos se acabaría integrando en esa Castilla primitiva formando un espacio diferencial. Recogemos a modo de ejemplo dos citas textuales.

Maria del Carmen Arribas Magro: “De todo ello podemos concluir que todo el territorio conocido en la actualidad como las Merindades de Burgos, incluida Espinosa de los Monteros, formaba parte de la denominación altomedieval de Castilla, que ya en el año 978 es considerada como vieja, sin duda para diferenciarla de la otra Castilla, la del sur del Ebro, que ya en esos momentos se producía el salto a la sierra de la demanda camino del Duero”

Gonzalo Martínez Diez: “El nombre de Castilla nació al erigirse las montañas cantábricas en baluarte de resistencia frente al islam, cuando en el siglo IX las cumbres y gargantas de los Montes Obarenes se erizaron de torres defensivas, que darán su nombre, “castella”, a las montañas detrás de las cuales se cobijaron las tierras protegidas por esas rudimentarias fortalezas. El corazón de estas primitivas tierras, que portarán ya desde los más tempranos años del siglo IX el nombre de Castella, los constituirán las llanadas de los río Nela y Gerea, luego rio Losa, y los valles de Manzanedo, Valdivielso y Tobalina regados por el Ebro, esto es, todo el norte de la provincia de Burgos , conjunto conocido años más tarde como merindades de Castilla Vieja.”

Fuentes:
“Castilla en tiempos de Fernán González” Juan José García González (2008) 
“Las merindades de Castilla la vieja en la historia”. VVAA. (2007)
“Los alfoces de Arreba, de Bricia y de Santa Gadea. Los valles de Bezana y Zamanzas”. Mª del Carmen Arribas Magro (2017) 
“El Condado de Castilla. La historia frente a la Leyenda” Gonzalo Martínez Diez (2005)

Castilla nace para la historia

Monolito en Taranco que rememora el surgimiento de la palabra Castilla y ermita heredera del primitivo monasterio.

El primer documento que menciona la palabra Castilla es el “famoso” texto de fundación del monasterio de Taranco fechado el 15 de septiembre del año 800. Hoy sabemos que este legajo, así como unos cuantos más, se trata de un documento interpolado escrito en el siglo XII por parte del Monasterio de San Millán de la Cogolla para justificar determinados títulos de propiedad.

Sin embargo algunos autores, entre ellos Arribas Magro, creen que este tipo de documentos no han de ser necesariamente inválidos para estudiar la realidad de siglos anteriores. Es posible que estuviesen basados en documentos anteriores ya perdidos. Por ejemplo, del documento de 816 al que hacemos referencia a continuación existen varias copias en diferentes momentos históricos. En relación a esto, nos resulta esclarecedor que el lugar de Area Patriniani aparezca citado tanto en el documento falso de 800 como en otro de 807, del que en principio no existen dudas.

Por otro lado, y tal y como dice esta misma historiadora: “No se puede establecer una correlación entre la fecha de creación de una población y la primera fecha en la que aparece documentada, no se puede aceptar el binomio primera mención igual a fecha de creación.”
En todo caso, ya en 816 aparece citada Castilla en un documento del Monasterio de San Vicente de Fístoles (actual Esles, en Cantabria). Citaremos el texto porque es esclarecedor:
“Et foras monte, in Castella, villa vocabulo Sauctus coba”
(Y más allá de los montes, en Castilla, la villa que llamamos Sotoscueva).
Cornejo de Sotoscueva

En este pequeño fragmento queda claro que ya en esta época tan temprana para el narrador, situado en la actual Cantabria (Esles queda a medio camino entre la montaña y la costa), lo que queda al otro del monte es una realidad diferente, y que esa realidad se llama Castilla, y que ese concepto está lo suficiente extendido como para ser entendido sin más explicaciones por aquellos que puedan leer el texto. Aún más, este sencillo texto refleja que en esos años se está realizando un movimiento migratorio de norte a sur.

Si dejamos de lado la referencia al año 814 que mencionábamos en un artículo anterior (en la era 852, año 814, salieron los montañeses de Malacoria y vinieron a Castilla), la siguiente referencia documental también es muy interesante. Está fechada en enero de 836 y en ella el presbítero Kardellus o Cardiel dota a la iglesia de San Andrés de Asía (Aja), con bastante probabilidad ubicada en el actual valle de Soba, de dos villas en Castilla. “et in Castella quod nominatur Uilla Kardelli, de nominis mei, et Uillella”. De nuevo la documentación nos deja evidencias de que lo que queda al otro lado de la línea de montes se conoce de forma genérica como Castilla.

Es verdad que las menciones a Castilla no son muy abundantes durante el siglo IX, como tampoco son los documentos conservados de esa época y referidos a esta zona. Sin embargo, ninguno de estos documentos ofrece el más mínimo indicio que permita vislumbrar que Merindades formara parte de otra realidad que no fuese Castilla, y mucho menos que esa realidad tuviese algo que ver con los restos de una antigua Cantabria.

Fuentes:
"Castilla en tiempos de Fernán González” Juan José García González (2008)
“Las Merindades de Burgos. (300 ac-1560)”. Maria del Carmen Arribas Magro (2016)
 “El Condado de Castilla. La historia frente a la Leyenda” Gonzalo Martínez Diez (2005)