martes, 2 de julio de 2019

Un instrumento olvidado: la gaita de Bota o de Saco

En la imagen, fotografía del músico conocido como "El tío Frescas" tomada en la localidad riojana de Ventrosa de la Sierra hacia 1920. Fuente
https://chemaroson.weebly.com/blog/la-gaita-de-bota-en-el-contexto-de-las-cornamusas-europeas-occidentales; artículo muy interesante en los que os podréis informar más acerca de este instrumento.

En la línea de lo que comentábamos en su momento en relación al rabel, en nuestra región vecina, en el afán por resaltar la diferencia e ignorar todo lo que tenga que ver con una supuesta “aculturación” castellana, se patrimonializa el rabel, se arrincona a la dulzaina y se ensalza la gaita; como buen estándar de la “absoluta singularidad” del noroeste hispano.

El caso es que una vez más se demuestra que la esencia de esta singularidad tiene que ver fundamentalmente con una orografía y ubicación geográfica que ha dificultado la pérdida de costumbres ancestrales, y que además estas circunstancias son relativamente recientes en términos etnográficos.

Resulta que Federico Olmeda, en su libro “Folklore de Burgos”, editado en el año 1903, hace referencia a una gaita común u ordinaria, la “gaita zamorana” lo que hoy se denomina dulzaina, y a otra gaita “de uso inmemorial en toda Castilla”, aunque en trance de desaparición, a la que él llama “gaita gallega”. En otro pasaje describe esta gaita gallega dejando claro al instrumento al que se refiere.

“ellas tienen dos tubos, uno el que propiamente puede llamarse gaita, porque es el que canta, y el otro que no produce más que un sonido grave y que, siendo la tónica, puede considerarse como nota tendida o de pedal y a la vez como desahogo del aire sobrante, que el gaitero, de soplo en soplo, va introduciendo en el depósito.[..] La gaita gallega produce unos sonidos suaves y pastosos; es muy popular: a esto hay que añadir que los gaiteros la tocan muy cómodamente, pues por su construcción no necesita el soplo violento, permanente y continuo de la zamorana. “.

Todo parece indicar el instrumento que describe Olmeda es el mismo que se ha dado en llamar gaita de saco o de bota, y cuyo perdido uso ha sido recogido por etnógrafos riojanos en diversas zonas serranas de aquella provincia. De hecho ha sido su trabajo, especialmente el de Javier Asensio, el que ha permitido recuperar el instrumento.



miércoles, 26 de junio de 2019

Folclore y etnografía Burgaleses: los grupos de Danzantes dirigidos por un personaje alegórico.

Imagen de los danzantes de Frías cedida por Miguel Zález

Al hilo de las festividades de "El Capitán" que se han celebrado en Frías estos pasados días queremos recordar que en la provincia de Burgos existen aún numerosos ejemplos de grupos de danzantes, Y existieron muchos más en el pasado, generalmente dirigidos un personaje al que podemos definir de forma genérica como botarga, aunque como vimos en un artículo que publicamos en torno al carnaval recibe muchos nombres.

La vestimenta de los danzantes posee en general un predominio del color blanco. Con complementos principalmente de color rojo. Blanco es el color de su camisa, calzones y enaguas, estas con encajes y bordados, medias y alpargatas. Llevarán además bandas cruzadas de colores sobre el pecho, cintas en la espalda, en los brazos y en la cabeza, cinta o pañuelo anudado a un lado.

El botarga representa unos valores diferentes pero complementarios a los danzantes. Si estos llevan traje ceremonial y resaltan su presencia solmene y realizan una coreografía adecuada al rito, aquel es un personaje grotesco con vestimenta ridícula o llamativa, que representa el mundo del caos, de lo prohibido y condenable.

La vestimenta del botarga se diferencia siempre de la del resto de los danzantes. Aunque en Burgos lo más frecuente, especialmente en la zona de la cuenca del Tirón, donde estos grupos son más habituales, es que la diferenciación se limite al colorido en fajas y pañuelos (en estas zonas el nombre más habitual del botarga es cachibirrio o cachiburrio); también existen ejemplos en donde el vestuario de este personaje es especialmente llamativo.

Entre estos casos podemos citar el del “Bobo” de Las Nieves (al que dedicaremos un artículo específico), Salas de Bureba, Poza de la Sal, Burgos, Baños de Valdearados (en donde recibe el nombre de Zarragón), Palazuelos de la Sierra (zarramoque) o Barbadillo de Herreros.

En todo caso, entre los grupos de este tipo que permanecen y aquellos de los que se tiene registro pueden contabilizarse docenas, especialmente, como decimos, en la cuenca del Tirón en donde existen o existían prácticamente en cada pueblo. Por citar algunos ejemplos, aparte de los citados: Santo Domingo de Silos, Quintana del Pidio, Hontoria del Pinar, Boada de Roa, o Fuentelcésped.

Originalmente la fecha más habitual de actuación de los grupos de Danzantes era el Corpus, aunque existe mucha variabilidad temporal que va desde el carnaval (o incluso antes) hasta las diferentes fiestas de cada localidad, o en las romerías. Estamos ante un evento en el que se ha producido un paulatino proceso de sincretismo religioso. Se partiría del personaje puramente carnavalesco hasta acabar integrándolo en las diferentes celebraciones católicas.

En Merindades, aparte de los casos de Frías y Las Machorras, se tiene constancia al menos de la existencia a finales del siglo XIX de un grupo en Tartalés de los Montes que ejecutaba la danza de “El Juboncito” el día de san Juan.

Fuente: Cancionero Popular de Burgos.

¿En verdad sólo existieron carros chillones en el arco cantábrico?

Gustan los administradores de nuestra “página amiga” (o más bien gustaban ya que últimamente son más precavidos) de mostrar mapas mediante los que supuestamente demuestran las diferencias culturales entre el arco cantábrico peninsular o el “ámbito cántabro” y la “monótona” e “insulsa” Castilla. Por lo que hace referencia a la provincia de Burgos estos mapas comprenden siempre y sin variación lo que ellos se empeñan en llamar “Cantabria burgalesa”; ya que su verdadero interés no está en divulgar el patrimonio cultural, sino en construir un discurso etnicista cántabro que comprenda al norte de Burgos.

Analizando un poco en detalle estos mapas se encuentra que en la mayoría de las ocasiones, si no en todas, se basan en argumentos sesgados para llegar a las conclusiones que les interesan. Singularmente, y tal y como ya hemos apuntado, creemos que buen número de las particularidades etnográficas que se encuentran (o que han tardado más en desaparecer) en el noroeste del país se deben a que estas encuentran mejor refugio en zonas montañosas y alejadas de las principales corrientes de influjo cultural.

Distribución histórica del carro chillón según la "página amiga". El lábaro que no falte, por si alguien tenía dudas.

Un representativo ejemplo de lo que estamos hablando es el mapa que muestra la distribución del llamado “carro chillón” que consistía, explicado de forma simplista, en que sus ruedas no eran radiales y que estaban unidas directamente al eje del carro; de modo que este último giraba a la vez que las mismas produciendo un característico chirrido. Pues bien, en el mapa que muestra la “página amiga” aparecen las regiones de lo que venimos en llamar “la galastubria” como ricas en este patrimonio etnográfico y la “insulsa meseta” como un erial monótono en el que sólo se conoció la rueda de radios. 

Sí, sin duda el carro chillón se usó en Merindades. Buena prueba de ello son las ruedas a modo de elementos decorativos que aún se pueden encontrar en muchas partes de la comarca, pero ¿Realmente la España mesetaria no conoció otro carro que no fuera el de ruedas de radios? Según Menéndez Pidal, en su obra “Los caminos en la Historia de España”, la rueda maciza aligerada en cambones fue la más habitual en los carros medievales españoles. 

Escudo de la Casa de Cultura de Carrión de los Condes. Fuente: http://www.instazu.com/media/1563162147046742979

Sello concejil de Carrión de los Condes. Fuente: tierradeuceda.blogspot.com

Una simple visita a la localidad palentina de Carrión de los Condes despeja bastantes dudas; más en concreto visualizando la fachada de la Casa de Cultura, antigua cárcel, en donde aparece el antiguo escudo de la ciudad, fechado en el siglo XVI. Sí, en efecto, son sendas figuras de carros chillones las que aparecen en el escudo. Es más, en dos sellos concejiles del siglo XIII aparece el mismo modelo de carro.

Aún más relevante si cabe, es la lectura de un pasaje de nuestra obra más universal; El Quijote:

“Oyóse asimismo un espantoso ruido, al modo de aquel que se causa de las ruedas macizas que suelen traer los carros de bueyes, de cuyo chirrío áspero y continuado se dice que huyen los lobos y los osos, si los hay por donde pasan”.

Grabado del códice Madrazo-Daza. Fuente: bdh.bne.es

En el llamado “Códice Madrazo-Daza” o “códice de trajes”, fechado también en el siglo XVI, aparecen una serie de escenas costumbristas elaboradas por un anónimo ilustrador alemán. ¿Y saben lo que aparece en una de ellas? Un carro del tipo chillón transportando vino. 

Grabado de William Bradford "Viaje por España y Portugal"

Más recientemente, en la obra de William Bradford “Viaje por España y Portugal”, que acompañaba al Duque de Wellington en sus campañas de la Guerra de la Independencia de Española, aparece otra ilustración de un carro chillón ambientada en la Extremadura Portuguesa, en las cercanías de Lisboa.
En la obra de Pedro Gil Abad “Junta y Hermandad de la Real Cabaña de Ganaderos Burgos-Soria” se indica que los carros del tipo chillón se usaron en la comarca hasta finales del siglo XIX.

En definitiva, y en la línea de lo que hemos venido demostrando desde hace tiempo, la existencia de los carros del tipo chillón en el arco cantábrico de la península obedece fundamentalmente, más que una particularidad de dichas regiones, a una mejor supervivencia de este tipo de aperos dadas las características orográficas y socioculturales.

De hecho, en realidad el carro de radios fue el más usado en Merindades al menos desde principios del siglo XX. Así lo podemos comprobar a poco que nos paseemos por nuestros pueblos; o por ejemplo en la imagen que adjuntamos tomada en el pueblo de Virtus hacia el año 1930 del pasado siglo. 

Instantánea tomada en Virtus hacia 1930. Archivo Diputación Provincial de Burgos.

Y así todo...


miércoles, 19 de junio de 2019

Otras especies arbóreas simbólicas en la provincia de Burgos: Los olmos y las encinas.

En la imagen, la encina de la Dehesa de Valdivielso, último vestigio del lugar en donde tenían lugar las Juntas de la Merindad de Valdivielso; y que se encuentra en un estado de conservación bastante preocupante.

Otra especie que aparecía con cierta asiduidad en lugares escogidos de los núcleos rurales era la olma, antes que la grafiosis acabara con todas ellas. Aún son recordadas las olmas de Valdezate, Arauzo de Torre y Riocavado de la Sierra; y en el norte burgalés las de Turzo y Pesquera de Ebro (esta aún con el es
queleto aún en pie). En el pueblo de Quintana del Pidio existe la ermita de Nuestra Señora de los Olmos. Todo ello sin olvidar los nombres pueblos como Olmillos de Sasamón, Olmedillo de Roa u Olmos de la Picaza.

En Nofuentes aún no se olvidan de su entrañable olma, que crecía junto a la bolera, la cual aún recibe dicho nombre. Existen topónimos relacionados con el olmo en los municipios de Medina de Pomar, Villarcayo, Trespaderne o Montija. Incluso en el cercano Valderredible cántabro aún recuerdan a la Olma de Polientes (que hoy sigue dando nombre a un bar) y existe el pueblo de Quintanas Olmo. La fuente del Olmo brota cerca del Santuario de Montes Claros y el alto del Olmillo se encuentra muy cerca de nuestra querida iglesia rupestre de Presillas de Bricia.

Por otro lado, y aunque no es habitual encontrarla en los lugares escogidos de los cascos urbanos, no podemos olvidar la importancia simbólica que ha tenido la encina en las Merindades. Recordemos que tanto la Juntas de la Merindad de Valdivielso como las de Sotoscueva se realizaban en torno a sendas encinas, y no se consideraban refrendados los acuerdos si no tenían lugar bajos aquellos árboles. Por último mencionar la ermita de Nuestra Señora de Encinillas en Cillaperlata.

El moral, el árbol más frecuente en el simbolismo burgalés

Moral al lado de la iglesia de Manzanedo

No creemos que se pueda decir que exista una especie característica de las reminiscencias del culto al árbol en la provincia de Burgos, ni muchos menos que el mismo sea exclusivo de nuestro territorio. Este tipo de rastros son característicos de todas las culturas, y el modo que han llegado hasta nosotros dependen de muchos factores.

En todo caso, si tuviéramos que escoger un árbol característico de la ancestral dendrolatría burgalesa, habría uno que superaría claramente a la del “famoso” tejo, y esa sería el moral. Encontramos morales centenarios en lugares simbólicos de numerosos pueblos (casi siempre en el entorno de los templos, demostrando su vinculación con lo sagrado), en la mayoría de las áreas provinciales, sin ánimo de ser exhaustivos citaremos los siguientes:
- En la Ribera, el moral de Villovela de Esgueva, el de La Sequera de Haza y el de Arauzo de Salce.
- En la Sierra, los morales de Tañabueyes.
- En la comarca del Arlanza, el moral de Villoviado y el de Torrepadre.
- En la Bureba, los morales de Cernégula, Quintanarruz, Tamayo o Llano de Bureba.

Y, por supuesto, también en el norte. Destacan los morales de Sedano, Gallejones y Manzanedo. Curiosamente estos pueblos son las cabezas de sus respectivos municipios; los valles de Sedano, Zamanzas y Manzanedo. También es un moral el árbol que se encuentra junto a la ermita de la Virgen de la Hoz, en lo alto de la Mazorra.

Junto a un gran moral, a la vera de la iglesia de Miñón, tenían lugar las reuniones de las Siete Merindades de Castilla. La tradición quiere que fuera una epístola aparecida en un moral la que estimulara a los vecinos de Cuesta Urria a levantarse contra el poder de los Velasco durante la Guerra de las Comunidades. Cuenta otra leyenda que el señor de Cidad, temeroso de sus enemigos, enterró un tesoro al pie de un moral plantado en el patio de su castillo.

Desconocemos la razón por la que el moral o morera es tan frecuente en lugares escogidos de nuestros pueblos. Puede tener que ver con el hecho de que la tradición recoja la creencia de que durante martirio de San Vitores, un santo con cierta devoción en la provincia, de su sangre brotaran sendos morales. De hecho no es ninguna novedad la capacidad para machar que tienen las moras de morera y su color parecido a la sangre. Quizás sea simplemente por el dulzor de sus frutos.

Fuentes:
"A la sombra del árbol" Cesar Javier Palacios (artículo on-line)
"Arboles singulares de la provincia de Burgos." Cesar Javier Palacios.

jueves, 30 de mayo de 2019

EN OCASIONES VEO TEJOS (PARTE III Y ÚLTIMA)


En la imagen, tejo de la "cabaña" de Hijedo, plantado más que probablemente con ocasión de la construcción del edificio en la segunda década del siglo pasado.

Si analizamos los ejemplares de tejos de Merindades que encontramos en entornos antropizados, dado lo favorable del clima es bastante probable que buena parte de ellos no supere el siglo de antigüedad. En estos rangos de edades, decir que la presencia de un tejo obedece a una creencia milenaria nos parece poco menos que descabellado, pudiéndose deber su existencia a iniciativas de tipo ornamental o importación moderna de costumbres foráneas (algo parecido por ejemplo, pero en sentido inverso, a lo que está sucediendo actualmente con los olivos).

Ni siquiera el hecho de que estos ejemplares crezcan junto a templos contradice la afirmación que acabamos de hacer. Por ejemplo, en el aislado emplazamiento del monasterio de Las Batuecas, Salamanca, tan alejado del supuesto “ámbito cántabro”, existen un buen grupo de tejos de porte superior a los que se encuentran en los cascos urbanos de los pueblos de Merindades (tejos encontramos incluso junto a una iglesia de Frómista, en Palencia).

En realidad, si queremos pensar en ejemplares de árboles centenarios con simbolismo en Merindades, no es el tejo la especie que primero debería acudir a nuestra mente. Al contrario, la encina y el moral están mucho más presentes en este ámbito (especies compartidas, por cierto, con otros lugares provinciales). Hablaremos de los mismos en futuros artículos.

Es más, si pensamos en ejemplares “antropizados”, tampoco el tejo es la especie dominante en Cantabria. Si consultamos el catálogo de árboles singulares de Cantabria, y excluimos los especímenes de tipo ornamental, tan sólo encontramos tres tejos (los de Casar de Periedo, Llano y Entrambasaguas; podemos incluir al perdido de Lebeña).

Por contra, una especie tan española y mediterránea como la encina, cuenta con al menos una docena de ejemplares simbólicos, la mayoría al lado de iglesias, como por ejemplo las de Mata, Otero, Cartes, Cabanzón, Arenas de Iguña, Bareyo, Santa María de Cayón, Zurita, Udalla y Ruiloba. Especialmente llamativo es el caso del pueblo de Bustablado, que teniendo en su término uno de los tejos catalogados de Cantabria, luce también un hermoso ejemplar de encina en el centro del pueblo.

En la imagen, tejo de la "cabaña" de Hijedo, plantado más que probablemente con ocasión de la construcción del edificio en la segunda década del siglo pasado.

EN OCASIONES VEO TEJOS (PARTE 2 DE 3)

Los representativos datos mostrados en un artículo anterior nos hacen plantearnos otra hipótesis: ¿pudo existir en el pasado culto al tejo otras regiones mediterráneas y españolas, desaparecido actualmente por el retroceso de la especie y la homogeneización cultural?. La respuesta es que Sí

De hecho, si rastreamos los datos del pasado, cuando el clima era menos seco que el actual, veremos que el culto al tejo no es exclusivo del arco atlántico, quizás ni siquiera fue el primer sitio en el que apareció o se desarrolló.

En todas las principales excavaciones de Palestina, se descubren estratos de hace 4.000 a 3.500 años, en los que han aparecido figuritas de terracota, escarabeos y otras pequeñas placas-talismán que muestran en gran número la relación de las divinidades Asherah y Astarté con el árbol o las ramas sagradas. Y no se trata de la palmera, como sucede en los sellos cilíndricos de la diosa siria Isthar (720-700 AC), sino del tejo (Taxus baccata L).

La costumbre y rito de hacer pactos político-religiosos bajo los árboles, en particular bajo el tejo, eligiendo al rey o jefe político, se remonta al menos a los hattianos o protohititas, gentes de lengua no indoeuropea que vivían en Anatolia (Turquía actual) en tiempos anteriores al Nuevo Imperio Hitita (1400-1190 AC). Según recoge Fred Haggeneder (2007):

En Anatolia, los hititas indoeuropeos conservaron mucho de la antigua religión de los hattianos. Sólo la diosa de la tierra o diosa del trono tenía el poder de adoptar al candidato a rey y otorgarle la insignia real. En su pacto ritualizado el rey aceptaba administrar y proteger la tierra deshabitada (que pertenecía a [los cielos] la tormenta y el dios del sol) y respetar su territorio, las montañas. Su unión ritual [diosa y rey] era simbolizada por el poder del árbol sagrado: „Así como el tejo es siempre verde, y no pierde sus hojas, así podrán prosperar el rey y la reina‟. Esta frase [línea] del texto ritual nos muestra también perfectamente por qué las representaciones terrenales del Árbol de la Vida fueron un siempreverde”

Lucano describe en su “Farsalia” (III, 399-455), un bosque de tejos sagrado próximo a Marsella que Julio Cesar mandó abatir. Entre los horrores que habitaban el lugar describe:

...”aras dispuestas para crueles altares y árboles purificados todos con sangre humana”... ...”La fama hablaba de que a menudo mugían con terremotos las cóncavas cavernas; de tejos tumbados que se levantaban de nuevo, de marañas que brillaban en llamas sin consumirse y de dragones que se deslizaban enroscados a los troncos”.
El propio Cesar tuvo que empuñar el hacha para vencer el pavor que esta selva despertaba en su ejército.

Hécate era la diosa de carácter infernal a la que estaba consagrado el tejo y en cuyo honor se practicaba en Roma y Grecia el sacrificio de dos toros negros; coronados con guirnaldas de tejo, para atraer a los espíritus del Averno. Estos quedarían aplacados bebiendo la sangre de las víctimas.

Ovidio, por otra parte coloca a estos árboles extendiendo su sombra espesa por los caminos del infierno y a las orillas de sus ríos Styz y Aqueron (Metamorfosis IV, 432). Pero además las antorchas de las Erinias eran de madera de tejo y así nuestro árbol además de sombra en las sombras, esparcía su luz en las entrañas del Averno.

En 754, al principio del largo reinado de Carlomagno, San Bonifacio, monje, misionero, legado del papa, arzobispo, etc., destruyó numerosos árboles y bosques sagrados, y, en concreto, el Irminsul de Geismar, barrio de la actual ciudad de Fritler (Hesse, Alemania); al parecer, un grandísimo tejo milenario, que estaba considerado como el árbol sagrado por excelencia de los germanos; utilizando su madera para construir allí mismo una capilla dedicada a San Pedro.

Trasladándonos a España, Eburianus es una deidad recordada en una lápida sepulcral de la zona del Duratón (Segovia), cuyo nombre procede del céltico eburos (tejo) entre los galos, el cual es la base de topónimos como Eburobrittium (Évora) entre los lusitanos. Por otro lado, en 2009 se descubrió en Cuevas de Soria (Quintana Redonda), en un notable entorno arqueológico romano, un ara votiva dedicada en latín a este mismo Dios, en la variante Ebvros. Además, en el cercano San Esteban de Gormaz y en Dombellas se habían encontrado antes dos inscripciones funerarias que remiten a Eburos. De hecho, un mapa de localizaciones con la base eburo- muestra una amplia dispersión en el centro peninsular, con escasa representación en el norte.

La imagen de Nuestra Señora del Villar, en Igea (La Rioja) estaba escondida en el paraje conocido como Las Tejerías, probable alusión a un bosquete de tejos. Mucho más evidente es el caso del santuario dedicado a Nuestra Señora de Tejeda, en Garaballa (Cuenca). Según la creencia popular recibió tal nombre por la abundancia de tejos que había en el paraje en donde se encontró, en el año 1207. 

Sobre la tradición hay diversas versiones, una dice que se apareció a un pastor sobre el tronco de un tejo. Otra que la imagen de la virgen primigenia se había escondido a causa de los musulmanes, y en 1395 se le apareció y habló a un pastorcillo piadoso, tras mucha luz, en uno de los tres tejos que había frente a su cabaña. 

Estampa de Nuestra Señora de Tejeda, Garaballa (Cuenca) en donde se indica textualmente: "aparecida a un pastor en un tejo".

Existe la posibilidad, aunque remota, de que la expresión “tirar los tejos” provenga de este árbol, ya que en algunos pueblos de Castilla se hacían enramadas de tejo. En la aldea de Villaviciosa, anejo de Solosancho (Avila), los mozos subían a la sierra a cortar ramas de tejo, que más tarde ofrecían a las mozas.

Hay algunos pueblos de España y Portugal donde el Domingo de Ramos se bendicen precisamente ramas de tejo, por ejemplo en el Pirineo aragonés (Valle de Hecho), en Somiedo, Salamanca, Palencia, Zamora. En el pueblo de Neila (Burgos), durante el Domingo de Ramos, los vecinos llevan ramilletes de tejo o acebo, que luego colocan en las puertas de sus casas. Una vez bendecidos se colocan en tenadas, cuadras, campos de cultivos, balcones, puertas y ventanas para dar fortuna; al estilo de lo que en otras localidades se hace con boj u otro tipo de planta. 

En Semana Santa se han usado ramas de tejo para las procesiones en la Serranía de Cuenca y otros puntos. En Casavieja (Ávila) se cortaban ramas para confeccionar un arco que servía para engalanar el paso del Patrón durante las fiestas del pueblo. La tradición en el pueblo de Jerte (Cáceres) consistía en este caso en ofrecer al Cristo ramas de tejos, por lo que incluso se talaba algún ejemplar cada año, a pesar de su escasez, tradición hoy incompatible con la conservación. Nos referimos al Cristo del Amparo el 16 y 17 de Julio. 

En algunos pueblos de las sierras de Alcaraz y Segura se hacían arcos ceremoniales de ramas de tejo para recibir al obispo. Ramas de tejo eran utilizadas como símbolo en algunas fiestas de los “Quintos” de la provincia de Teruel. Durante las festividades de San Juan y San Pedro en El Espinar (Segovia), los hombres adornaban sus sombreros con ramas de tejo.

Para concluir citaremos un insólito uso registrado en la Sierra de Alcaraz: el de matar otros árboles clavándoles una estaca de tejo. Esto se hacía por ejemplo cuando había disputas de lindes, envidias por herencias y otros conflictos vecinales. La muerte del árbol se producía por desecación. 

Así pues, en nuestra opinión, el evidente culto al tejo que existe en determinadas comarcas de las regiones del cuadrante noroccidental de la península no es más que la forma que ha tomado en las mismas la dendrolatría o culto al árbol, hecho debido tanto al gran simbolismo que emana de esta especie como de la circunstancia de que en dichas regiones se ha podido obtener y hacer con cierta facilidad ejemplares del mismo. En definitiva, lo mismo que en Castilla se ha recurrido a encinas, olmos o morales por ser especies más disponibles, allí se ha recurrido al tejo, así de simple.

Fuentes:
García Pérez, Guillermo (2017). "El árbol religioso en España"
10 años de estudio sobre Taxus Baccata (tejo) y la Sierra de Tejeda, Málaga, 2009.
Elaboración propia.